La educación ‘verde’, para sembrar el gusto por la naturaleza, toma fuerza en nuestros colegios

13 10 2009

Herbarios digitales y proyectos de reverdecimiento son algunos de los trabajos que hacen hoy los escolares en ciencias naturales.

Un complejo sistema de aprovechamiento de recursos naturales es orgullo de niños y maestros en el área rural de Florencia (Caquetá).

Allí, los desechos de la cocina se utilizan en un cultivo de lombrices y en la producción de humus. Las primeras son para alimentar a pollos y peces, y lo segundo, para la huerta, en donde producen habichuela, pepino y otras verduras. Y todo eso llega a la mesa donde comen los 300 alumnos de la Escuela Avenida El Caraño, un internado en donde están aprendiendo a apropiarse de la naturaleza de su región.

“Que repliquen el modelo en su finca y que puedan hacer huertas productivas”, es el deseo del profesor Orlando Ayala, que le dio, junto con sus compañeros de la institución, ese tinte agroecológico al modelo de educación.

“Ahora, los niños vienen a vender los productos de sus tierras”, cuenta feliz de ver que el conocimiento se está multiplicando.

“Salió del colegio y está en la comunidad”, dice.

En El Caraño lograron enraizar la sabiduría a través de la exploración y la experiencia, una metodología ideal en la enseñanza de las ciencias.

Y así parecen haberlo hecho también en Toledo (Norte de Santander), donde los jóvenes se convirtieron en defensores del agua en el pueblo, que sufre frecuentes recortes del suministro del líquido.

Por un lado, conformaron una brigada de reverdecimiento de los nacimientos cercanos, para lo que debieron hacerse expertos en especies nativas, y por otro, realizan campañas de educación ambiental entre los habitantes.

“Ellos sensibilizan a los otros en una labor que antes era de los profesores”, indica la maestra Nancy Garzón, que coordina las actividades.

La promoción y la práctica de las conductas amigables con el medio ambiente son también un propósito a perseguir en clase. “Formar mejores ciudadanos que entiendan la naturaleza y vivan en armonía con ella”, destaca Juan Camilo Sierra, gerente del proyecto Expediciones Botánicas Siglo XXI, del Ministerio de Educación.

Para eso, otra alternativa es la construcción de herbarios digitales, porque “la botánica les permite saber realmente qué es y para qué sirve cada planta” de su entorno.

Sebastián Higuita, de 14 años, ya tiene analizadas 15 de las que crecen silvestres cerca de su colegio en Concordia (Antioquia).

“Hay ornamentales, frutales y medicinales”, relata el joven, que aprendió con esta tarea a “apreciar el valor de cada una”.

Para publicar su herbario en Internet debió clasificarlas, tomarles fotos y, sobre todo, preguntar los nombres y usos comunes que se les dan.

Porque, en efecto, “que sean ellos quienes exploren y descubran es la mejor forma para que creen una manera activa de ver el mundo”, de acuerdo con Jaime Rodríguez, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, donde promueven el aprendizaje de las ciencias con base en la indagación.

En Sebastián, por ejemplo, ya quedó sembrada una semillita: “Mire -dice- si uno se enferma podría hacer sus propios medicamentos con lo que tiene a mano. Y eso es una gran ayuda”.

FUENTE: ELTIEMPO.COM

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