¿Y si estar en casa no es seguro?

30 09 2009
COLOMBIA – A diferencia de otros niños que tienen en su casa un lugar seguro, para Bryan y Luis, de 11 y 13 años, ésta puede representar un peligro.

Como ellos, otros 58 niños, algunos de ellos habitantes de inquilinatos no tienen a su llegada del colegio una madre que les sirva el almuerzo y les ayude con sus tareas.

Los padres de Bryan no se la pasan en la casa. Desde muy temprano salen con trapeadoras, escobas y bolsas de basura a venderlas en los semáforos y calles del centro de la ciudad.

El papá de Luis también es vendedor ambulante, mientras que la mamá se dedica al aseo en una empresa.

Exponerse a la calle para acompañar a sus padres no es menos peligroso que permanecer solos en casa.

La ausencia de mamá los hace vulnerables a los accidentes en la cocina, a la desmotivación escolar, a la exposición a las drogas o al abuso sexual.

Los estudiantes de la Héctor Abad Gómez, sin embargo, han permanecido alejados de situaciones que podrían llevarlos a estar bajo medida de protección del Bienestar Familiar.

En una vieja casona ubicada en el barrio Bomboná, un balón retumba contra las paredes.

Es el partido de fútbol que Bryan y Luis juegan con sus compañeros, no precisamente del colegio.

En la casa funciona el externado de la Corporación Superarse, que acoge en jornada contraria al colegio 60 niños de los barrios Niquitao, La Sierra y Buenos aires.

“Aunque le sale más costoso a la sociedad, la ciudad cuenta con más centros de intervención que de prevención” contó Claudia Patricia Zapata, trabajadora social y coordinadora del externado.

En Superarse, explicó Zapata, se apoya a las familias que por circunstancias laborales y económicas no pueden hacerse cargo de sus niños en el tiempo que no están en el colegio.

Para ingresar, los pequeños deben estar escolarizados y en riesgo de calle o explotación laboral o sexual.

De Superarse hay egresados. Luis con ocho años de asistir todas las tardes está próximo a ser uno de ellos.

Mientras llegan los 14, edad en la que termina el proceso preventivo, Luis y Bryan se dedican a disfrutar de su segundo hogar.

En la típica casa antigua de amplio patio central, encuentran refuerzo escolar, recreación, arte, deporte y nutrición, pues es el lugar donde almuerzan.

Dos días a la semana reciben a Tatiana y Viviana, profesoras que en realidad son voluntarias.

Las tardes con los compañeros se hacen más alegres que si estuvieran solos en casa y, por supuesto, menos riesgosas.

FUENTE: ELCOLOMBIANO.COM

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